sábado, 26 de mayo de 2018

La usura en la banca


            Mayo de 2018




La usura se impone en la banca



Los bancos que operan en México, algunos de procedencia extranjera, se han enfocado cada vez más a dirigir los recursos del crédito al consumo dado los altos rendimientos que obtienen por el diferencial de las tasas de interés activas (las que cobran los bancos) y pasivas (las que pagan los bancos) y a las múltiples comisiones que cobran a los clientes.

El crédito al consumo (integrado principalmente por las tarjetas de crédito, los créditos personales y los de nómina), de acuerdo a los recursos que se ejercen anualmente según estadística publicadas en el último informe presidencial, supera a los que se destinan a la industria y ampliamente a los que están dirigidos a la vivienda. En 2012, el crédito al consumo representó el 22% del crédito total frente al 20% del destinado a la industria y el 16% que se canalizó a la vivienda. En contraste 2017, el crédito al consumo representó el 20% del crédito total contra el 19% que se destinó a la industria y el 16% a la vivienda.

Por otro lado, en el mismo periodo tenemos una ampliación de las diferencias a favor de la banca en cuanto a las tasas con las que se opera en este segmento del mercado crediticio.

En efecto, de acuerdo a los datos de Banxico, el costo porcentual promedio de captación de la banca múltiple (CPC)[1] subió de 3.25% en diciembre de 2012 a 4.62% en el mismo mes de 2017. Sin embargo, la tasa efectiva promedio ponderada (sistema de banca múltiple conformado por 16 instituciones) que se les cobra a los usuarios de tarjetas de crédito, de acuerdo a la publicación indicadores básicos de tarjetas de crédito de Banxico, fue de 24.2% en diciembre de 2012 y de 25.4% en junio de 2017, que es el último dato registrado por la mencionada publicación.[2] Estamos, por lo que se puede apreciar ante una diferencia en puntos porcentuales muy significativa a favor de las instituciones bancarias: 20.8%. (el promedio ponderado en tarjetas de crédito, de acuerdo a una fuente periodística siguió aumentando en el transcurso del año).[3]

Este diferencial a favor de la banca puede ser incluso mayor, si utilizamos otras estimaciones de tasas para los créditos de consumo. En efecto, si usamos las tasas de interés implícita (12 meses) de tarjetas de crédito que se registra en las estadísticas de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), la misma se incrementó de 26.15% en diciembre de 2012 a 26.71% en diciembre de 2017 (el diferencial en puntos porcentuales a favor de la banca se eleva a 22.09%).[4]

En consecuencia, dado el atractivo de las tasas existentes, las instituciones bancarias han diversificado las operaciones que realizan bajo el concepto de créditos al consumo, como se puede constatar de la información estadística del crédito acumulado de la mencionada CNBV. El concepto de otros créditos, que registra tanto los llamados créditos personales (crédito sin garantía) como los de nómina (que se en descuentan en determinado porcentaje de manera automática en el momento que se deposita el sueldo), se ha elevado con respecto al crédito canalizado al consumo: el primero pasó de representar el 46% del segundo en diciembre de 2012 al 61% en el mismo mes de 2017. Esto lo podemos entender los clientes que recibimos constantemente por diversas vías múltiples invitaciones para usar los recursos de los créditos personales y/o de nómina (vía electrónica basta con presionar la opción aceptar y te depositan los recursos en tu cuenta).

Este amplio diferencial de tasas a favor de los bancos y la creciente canalización de recursos crediticios al consumo nos lleva a una nueva versión modernizada, por el uso de los modernos medios electrónicos, de la ancestral actividad de la usura y lo más grave todavía, en detrimento del crédito destinado a las actividades productivas.

En una ocasión escuché a un funcionario bancario afirmar que las elevadas tasas activas que cobran se debe a que en nuestro país se tienen costos legales más elevados para recuperar los créditos en cartera vencida. La mayoría de los grandes bancos son propiedad de extranjeros por lo que es factible que tengan información sobre dichos costos en sus países de origen, que sería interesante conocer para poder compartir su opinión.

Adicionalmente, agregamos que las facilidades otorgadas por las instituciones combinada con las altas tasas en los créditos de consumo (tarjetas de crédito, personales y de nómina, principalmente) ha conducido a una creciente morosidad (retraso en el cumplimiento de pago por parte de los acreditados). El índice de morosidad, de la información publicada por la CNBV, se elevó entre 2012 y 2014 para los créditos de consumo en particular, para las tarjetas de crédito. Después descendió, pero ha vuelto a crecer en 2017 muy marcadamente para las tarjetas de crédito y en menor proporción para los otros créditos al consumo (esto a pesar de que el índice total de 2.15 se mantuvo estable con respecto al año precedente).

En el caso del crédito en tarjetas de crédito cabe señalar que se ha encarecido particularmente debido a los varios ajustes de las tasas de referencia de Banxico para hacer frente a la inflación y a las tasas de la Reserva Federal en Estados Unidos: las tasas netas se han incrementado y en consecuencia los pagos mínimos requeridos a los acreditados. En los créditos de nóminas, el crecimiento de la morosidad se redujo (fue de 4.06 en 2013 y bajó a 3.03 en 2017) debido a que los bancos comenzaron a reducir la oferta de estos créditos (en los últimos 3 años éstos crédito crecieron notablemente) debido a que los acreditados en muchas ocasiones cambian su cuenta de nómina de un banco a otro y dejan de pagar el crédito.

Adicionalmente la tasa de descuento ajustada[5] (incluye quitas y castigos) se ha deteriorado entre 2016 y 2017 para los créditos al consumo en particular, tarjetas de crédito y los créditos personales según información de la CNBV.

A pesar de ello, las instituciones bancarias que operan en nuestro país parecen todavía obtener buenas ganancias por la actividad crediticia que realizan, en algunos casos superiores a las registradas en sus países de origen, como lo revela el crecimiento de 28.8% (135.7 mil millones de pesos) que señalaron los reportes financieros publicados por la prensa durante los primeros meses del presente año apoyado en parte por el crecimiento de las tasas (la tasa de referencia del Banxico se ajustó varias veces a lo largo del año) y una mayor rentabilidad del capital (pasó de 12.48% a 15.22% entre 2015 y 2017). Esto a pesar de que se tuvo una menor colocación del crédito con respecto al año precedente.

Finalmente, la existencia de tasas activas tan elevadas sin lugar a dudas debe ser también motivo de seguimiento de las autoridades bancarias, aunque no sabemos si está de por medio algún acuerdo, como resultado de la privatización, de dejar en libertad a los bancos en esta materia a pesar de los riesgos para el sistema y los efectos negativos sobre la actividad productiva nacional.
















[1] El CPC se calcula con el promedio ponderado de los costos que pagan las instituciones de banca múltiple por la captación de recursos en: depósitos bancarios a plazos, depósitos bancarios en cuenta corriente, pagares de rendimiento liquidables al vencimiento, aceptaciones bancarias y papel comercial. Se incluyen los pasivos a plazos en moneda nacional de la banca múltiple excluye los pasivos que se derivan de obligaciones subordinadas susceptibles de conversión en capital, del otorgamiento de avales y de la celebración de operaciones entre instituciones de crédito.
[2] La tasa efectiva se obtiene de anualizar el cociente de los intereses generados en el periodo entre el saldo correspondiente de cada tarjeta. Para obtener la tasa efectiva promedio ponderada se multiplica la tasa efectiva de cada tarjeta por su participación en el saldo total y se agrega a través de todas las tarjetas. Los detalles están en el anexo metodológico de los indicadores básicos de las tarjetas de crédito de Banxico.
[3] No utilizo el CAT (costo anual total) ya que existe una gran diferencia en las tasas de las tarjetas, ya sea por el tipo de tarjetas (clásica, oro o platino) o los límites de crédito de cada una de ellas. Sin embargo, sus niveles son indiscutiblemente más altos según lo reporta Banxico.
[4] Tasa de interés implícita: no sólo el interés pactado sino todo lo que el deudor se obliga a pagar: intereses, compensaciones, comisiones, gastos, seguros y otros pagos.
[5] Tasa de descuento ajustada: la razón del promedio 12 meses de la cartera vencida más la castigada en los 12 meses previos, entre el promedio de 12 meses de la cartera total más la cartera castigada en los 12 meses previos.

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