26 de
mayo de 2026
Acuerdo comercial con la Unión europea
El pasado 22 de mayo se realizó la firma de un nuevo
acuerdo comercial con la Unión europea, que de hecho significó dos documentos
el Acuerdo Global Modernizado y el Acuerdo comercial interino , los cuales
responden a los tiempos que se deben cubrir para que entren en vigor los
acuerdos (el primero incluye los temas
ampliados que son el la protección de inversiones, las compras públicas, transformación digital, la sostenibilidad, los
derechos laborales y el combate a la corrupción que llevarán probablemente más
de un año y el segundo los temas estrictamente comerciales que requerirán una
negociación más breve quizás durante
este año para que entren en vigor).
Ambos documentos deben ser ratificados por los gobiernos
locales de los 27 países integrantes de la Union europea y por el Senado de
México, que deberá emitir un voto aprobatorio en el pleno después del dictamen
de las comisiones respectivas.
El nuevo acuerdo sustituyó el firmado en 2020, sobre el
cual ya había consenso en su revisión por los cambios sucedidos desde entonces,
pero las negociaciones enfrentaron diversos obstáculos no sólo de carácter
técnico sino también de índole político porque el principal promotor de este
acuerdo a nivel europeo era el gobierno español (por su importante relación
económica con el país), cuyas relaciones fueron puestas en pausa por el
gobierno del expresidente López Obrador, por su interpretación personal de la
historia de la conquista de México.
El nuevo acuerdo considera una importante reducción
arancelaria para los productos comercializados, eliminación de barreras
técnicas más la inclusión de la protección a las denominaciones de origen de
varios cientos de productos, un nuevo marco para la protección de las
inversiones y los nuevos temas que ya han sido señalados.
La firma de este nuevo acuerdo es oportuna tanto para la
Unión europea como para México, ya que ofrece la oportunidad de una
diversificación comercial tal como ha hecho Canadá o el Mercosur (Brasil,
Argentina, Uruguay y Paraguay) pero tampoco puede considerarse con una vía que
desplace nuestro comercio en el marco del T-MEC.
En realidad, nuestro comerció en términos de valor es
reducido con la Unión Europea: un monto de 94, 500 millones de dólares
(incluyendo exportaciones e importaciones), lo que representaría el 7% del
comercio total de México en 2025 (frente el 86% de Estados Unidos y Canadá) siendo
nuestros principales socios comerciales Alemania, España, Italia, Francia,
Países Bajos y Bélgica.
Los europeos nos venden maquinaría, máquinas eléctrica y
vehículos, más un importante renglón de varios donde están los alimentos y
bebidas. Por otra parte, México les vende principalmente manufacturas (el
87-89% de las ventas) equipo para la industria del transporte, maquinaria
eléctrica y electrónica, maquinaria y equipo industrial, pero además
combustibles y minerales y algunos productos agrícolas (no es un mercado
actualmente importante, ya que representa un poco más del 1% del total de las
ventas).
La Unión europeo constituye nuestro tercer mercado después
de Estados Unidos y Asia (principalmente China).
En cuanto a inversiones, la Unión europea es el segundo
inversionista después de Estados Unidos con un monto de 9, 906 millones de
dólares en 2025 siendo los principales inversionistas España, Países Bajos,
Francia, Alemania, Suecia, Italia e Irlanda.
En cuanto al potencial comercial que significará para
nuestro país la firma de este acuerdo cuando entre en vigor, cabe señalar que
habrá que esperar, para ver sus resultados, a pesar de que ya existen
proyecciones altamente optimistas para los próximos años.
En materia comercial la Unión europea tiene regulaciones en
particular en materia de certificación sanitaria que son muy estrictas, muchas
desconocidas por nuestros exportadores que requerirá tiempo ponerse al día,
además de que no se cuenta con una logística desarrollada para vender a
mercados con demandas de consumo muy específicas y falta una mayor promoción de
nuestros productos, a pesar de ello se dice que existe un potencial en el
sector agroalimentario (café, plátano, miel, hortalizas, cítricos, etcétera).
Sin duda, que el beneficio en términos de competitividad para Europa está
descontado para el caso de sus ventas tanto de productos agroalimentarios como
de vinos y licores con una presencia importante en nuestro mercado.
En el caso de las inversiones, donde se ratificó el mecanismo de solución de controversias de la Unión europea (Tribunal de Inversiones), se dice también que existe
potencial en al segmento automotriz (muchas empresas europeas están
establecidas en México, pero la política arancelaria de Trump puede obligar a
relocalizaciones a Estados Unidos que limiten el crecimiento en esta industria),
en energía (existen restricciones de mercado tanto en Pemex como en CFE que los
inversionistas tendrán que ponderar para
realizar inversiones en particular con la desaparición de las rondas y los
límites de mercado en el terreno de la generación eléctrica) y en materia de
desarrollo logístico, donde la inversión privada sea de dónde venga es
necesaria para potenciar nuestro comercio.
Por todo ello, no es de esperarse de inmediato un mayor
intercambio, ya sea por la necesaria ratificación de los acuerdos por sus
gobiernos como del interés de los integrantes de la Unión europea ahora en
competencia con acuerdos similares firmados recientemente con el Mercosur y con
la India (el país más poblado del mundo) con el propósito de ampliar sus
intercambios y diversificar su comercio. Los resultados se verán sólo dentro de
algunos años.
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