22
de junio de 2026
Banca
de desarrollo: un mediocre desempeño
Ante los frecuentes cambios de titulares
que experimenta la banca de desarrollo del país (Banobras, Nacional Financiera
y Bancomext, como las principales ya que las otras instituciones como el Banjercito, el banco del Bienestar y
la SHF (Sociedad Hipotecaria Federal) tienen ámbitos de operación que no afecta directamente la actividad
productiva cuyos puestos son objeto de gratificaciones
a funcionarios federales con escasa o nula experiencia bancaria o financiera,
pero fieles a la línea política del presidente(a) en turno, habría que
preguntarse si su existencia está contribuyendo de alguna manera al desarrollo
económico nacional, el cual se encuentra en franco retroceso (bajas tasas de
crecimiento, caída del PIB per cápita y nula formación de capital fijo).
La principal institución por el monto de
activos es Banobras (40% de la banca de desarrollo), cuya actividad principal
está dirigida a financiar y refinanciar proyectos de inversión pública y
privada, coadyuvar al fortalecimiento institucional de los tres ámbitos de
gobierno y tras una precipitada reforma en la administración anterior a apoyar proyectos
de energía del Gobierno Federal (léase Pemex), le sigue en importancia
Bancomext, que promueve y financia principalmente a las empresas exportadoras
del país y Nafin, que según sus
objetivos contribuye al desarrollo de las empresas, promueve el desarrollo de
proyectos estratégicos, el desarrollo regional y el mercado de capital de riesgo empresarial.
Banobras sobresale en cuanto a la
colocación de créditos (50% de la banca de desarrollo) muy por encima de las
otras dos, su importancia ha crecido en los últimos años en la medida que su
ámbito de competencia se ha extendido al sector energético aportando recursos
para la repentina decisión del gobierno anterior de comprar algunas de las
plantas de Iberdrola a través de la participación de FONADIN en un fideicomiso constituido
con recursos públicos y privados, a
algunos proyectos de Pemex (parte de la compra de Deer Park, nuevas
instalaciones de la refinería Tula, de Salina Cruz y parece ser que ha aportado
también recursos a la conclusión de Dos Bocas) o más recientemente a recibir el
encargo de la operación del tren interurbano que corre de México a Toluca y del
que opera de Lechería al AIFA a través del Fondo Nacional de Infraestructura
(FONADIN). Sin duda, los proyectos donde ha participado Banobras son varios,
pero la recuperación de dichos recursos no será fácil dada la precaria
situación financiera de Pemex.
A pesar de las inversiones y encargos
anteriores, cabe señalar que la cartera de crédito de las tres instituciones
Banobras, Nafin y Bancomext creció ligeramente 5.6% el año pasado, lo cual no
muestra una gran actividad (las tres representan el 94% del crédito de la banca
de desarrollo) para apoyar la reactivación de la economía sumida en un
estancamiento del que será difícil que salga este año (la caída de la inversión
pública y privada ha impactado a la inversión total que llegó al 21.2% del PIB
después de registrar 24.3% en 2024 muy lejos de las metas de 25% en 2026 y 28%
en 2030 que señalan el poco exitoso plan México)
Por destino, Banobras lleva a cabo la
mayor parte de sus operaciones con el gobierno, organismos descentralizados,
empresas de participación estatal y empresas privadas mientras que Nacional
Financiera se concentra en los intermediarios financieros privados y las
empresas productivas de estado (esté cambio es reciente sin duda por decisiones
políticas, ya que en 2024 no otorgó financiamiento a dicho segmento, aunque
desconocemos a qué empresas se destinaron los recursos en 2025)
En cuanto a los orígenes de sus recursos
las instituciones dependen de dos fuentes, lo que se conoce como captación
tradicional (dinero del público ahorrador y de inversionistas privados) y de
los préstamos interbancarios y de otros organismos como por ejemplo Nafin, que
recibe recursos de organismos multilaterales, del Banxico, dispone de líneas de
crédito extranjeras y coloca valores en el mercado internacional. La captación
mayor corresponde a Banobras, cuyos recursos provienen principalmente de
emisiones bursátiles, del Gobierno Federal y de líneas de crédito de organismos
internacionales; detrás está Bancomext cuyos recursos provienen de las
emisiones internacionales, créditos bancarios externos e internos y la
recuperación de su propia cartera y Nafin que se fondea en el mercado de
dinero, las emisiones de bonos y los préstamos bancarios y de organismo
multilaterales. Las tres instituciones captan el 80.9% del total de la banca de
desarrollo.
Los resultados de las tres instituciones
han sido contrastantes, ya que Nafin registra las pérdidas más elevadas,
seguida de Bancomext mientras que Banobras
muestra un modesto resultado. Sin embargo, las pérdidas de las tres instituciones
se elevaron en 3% al cierre del año pasado. Estas pérdidas superan a las
registradas por toda la banca de desarrollo. La generación de pérdidas por
estas tres instituciones implica que deberán recurrir a la emisión de deuda
para cubrirlas y/o transferencias del gobierno ya sujeto a crecientes presiones
de gasto por programas sociales, pensiones y costo de la deuda (el margen
fiscal, recursos no comprometidos, del gobierno se ha venido reduciendo
considerablemente durante los últimos años según una importante institución
bancaria)
Además, los estados financieros
dictaminados 2024 y 2025 confirman incrementos en los casos de los pasivos de Banobras (aumento de deuda y acreedores por reporto) y Bancomext y disminuciones del capital contable de Nafin y Bancomext, lo que
implica deterioro en la situación financiera de las instituciones que demandará
un seguimiento más riguroso (ésta última recibió un subsidio del gobierno en
2025).
Finalmente, los indicadores financieros
son también contrastantes entre las tres instituciones destacando el deterioro
del índice de morosidad para Bancomext (además de solvencia, liquidez y
eficiencia operativa, entre los más importantes), en Banobras la brusca caída
de la liquidez (los depósitos en Tesorería desaparecieron en 2025) y los
resultados integrales sobre sus activos totales (ROA) y sobre el capital
contable (ROE) mientras que Nafin muestra una mejora considerable en su índice
de morosidad, mejor liquidez y menor eficiencia operativa.
A pesar de los objetivos de estas
instituciones su frecuente y abrupto manejo político las aleja de una
planeación financiera adecuada de mediano y largo plazo que se encaminara al
fortalecimiento de la infraestructura, la actividad industrial o a apoyar el
comercio exterior, desviándolas a operaciones
inesperadas destinadas a solventar alguna emergencia de corto plazo como
sucedió en el caso de la línea de crédito por parte de Banobras con la probable
participación de Nafin abierta el año pasado a Pemex por 250 mil millones de
pesos (por instrucciones de la SHCP) para pagar las deudas pendientes con los
proveedores, lo cual desvió recursos que se destinarían a otras actividades
como el fortalecimiento de la deficiente
infraestructura nacional y el necesario impulso a las pequeñas y medianas
empresas (90% del universo nacional). Estas decisiones alteran radicalmente las
metas y resultados de las instituciones, además de que como ya se mencionó los
frecuentes cambios de funcionarios sin mucha experiencia bancaria y/o
financiera no ayudan a consolidar administraciones sólidas que las operen de
manera eficiente. En fin, esta situación, es honesto conceder, no es privativa
del gobierno actual, el cual sólo reproduce las pésimas conductas observadas en
el pasado en materia de nombramientos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario